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Por Alejandro Foxley
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“El Segundo Mundo, Imperios e influencia en el Nuevo Orden Global” es el título de un libro recién publicado en Nueva York por la editorial Random House. Se trata de un fascinante ensayo centrado en las naciones del Segundo Mundo, las que dejaron de ser las más pobres pero todavía no pueden considerarse desarrolladas. ¿Cuáles de ellas tienen una posibilidad real de pasar a formar parte del Primer Mundo en el futuro previsible? Después de un elaborado análisis región por región, y al centrarse en América Latina, su autor, Parag Khanna, señala a Chile como el país con más posibilidades de cumplir con tan exigente meta en los próximos años.
El libro también sostiene que el futuro estará dominado por tres poderes luchando por la hegemonía —Estados Unidos, Unión Europea y China—, y que es en las naciones del Segundo Mundo donde se definirá el curso futuro del orden global, y cuál de esos poderes prevalecerá.
El Segundo Mundo, según el autor, está constituido casi por 100 naciones. Todas ellas luchan por alcanzar el desarrollo, navegando siempre por aguas turbulentas con indicadores políticos, económicos y sociales moviéndose frecuentemente en diferentes direcciones. Exitos en algunos campos, retrocesos en otros.
Para estos países lo sensato es moverse en ese mundo multipolar procurando encontrar un espacio de oportunidades siempre en expansión. Ello supone una activa política exterior que densifique las redes de cooperación política, comercial y cultural con los tres bloques. Nadie ignora, por otra parte, que China es el que más rápido acorta terreno respecto de los otros dos. Hacia allá se desplaza lenta pero inexorablemente un foco del poder mundial. El exitoso viaje reciente de la Presidenta Bachelet a China marca un hito en la voluntad de este país del Segundo Mundo, Chile, de persistir en el objetivo de que China nos tenga como un socio preferente en América Latina.
Estudios recientes del Banco Mundial ponen también una atención creciente en estos países del Segundo Mundo, los que asocia con su condición de “Ingresos Medios”. Reconoce transiciones exitosas hacia el Primer Mundo en las últimas dos o tres décadas de países como España, Portugal, Corea, Singapur y Taiwán (antes Japón). Y anuncia la “nueva hornada” en las que incluye a Malasia, Tailandia y Chile. Destaca, sin embargo, que el principal riesgo de estos países es la desaceleración en su crecimiento, lo que origina inevitablemente presiones sociales, disputas distributivas y, para usar una expresión de moda, crispación política, que va instalando la “profecía auto cumplida” de la oportunidad histórica dilapidada.
Estos son países que están globalizándose. Dependen críticamente de su éxito exportador que, en la primera fase, consiste sólo en acceder oportunamente a los mercados externos tradicionales, ahora más abiertos. En el caso de Chile, dice el estudio del Banco Mundial, todavía estamos en la fase en que un 85% del aumento en las exportaciones se explica por empresas que producen “más de lo mismo” a los mercados tradicionales. Un 10% adicional del impulso exportador aparece por los nuevos mercados abiertos por los TLCs. Y apenas un 5% del aumento de exportaciones consiste en nuevos productos, con nuevas tecnologías, que diversifican la canasta exportadora.
El estudio del Banco Mundial califica este grado de diversificación productiva como un resultado pobre. El hacer “más de lo mismo” no conduce al desarrollo en un plazo razonable. Si queremos evitar la trampa de insuficiente crecimiento en que a menudo caen los países del Segundo Mundo, es imprescindible abrir paso más rápido a una sociedad del conocimiento, más innovadora y con un pleno aprovechamiento del talento y capital humano instalado potencialmente en sus ciudadanos para inventar nuevos nichos en que el país se haga competitivo.
Nuevamente, miremos los datos del Banco Mundial: De acuerdo con los tests de calidad educacional, la calidad de la fuerza de trabajo en Chile según su capacitación es un 20% menor que en Malasia y un 30% menor que en los países de mayor desarrollo relativo en el Este de Asia.
La calidad de la educación es el desafío mayor. La actual reforma que se discute en el Congreso es un o fundamental, pero sus resultados no serán inmediatos. Un atajo que han usado países que transitaron exitosamente al Primer Mundo ha sido el de masificar los intercambios de recursos humanos con los países más desarrollados. Chile está avanzando en esa dirección al haber aumentado durante este gobierno en un 80% las becas de post-grado en el extranjero. Se ha hecho un esfuerzo también, todavía incipiente, de becas que igualen las oportunidades para acceder a doctorados en el extranjero por estudiantes de familias de bajos ingresos, de regiones y provenientes de la educación municipal subvencionada. Las Cancillerías de Chile y de EE.UU. han estado impulsando este programa como parte de una visión de la política exterior en un papel de facilitador de una transición más rápida hacia las fronteras del conocimiento.
Pero, el camino por recorrer es largo. Chile envía sólo la décima parte de los estudiantes que Corea o Taiwán tienen en el extranjero, y apenas la mitad que Nueva Zelandia o Australia, corrigiendo por diferencias en población. Este es un campo donde se puede multiplicar en muchos centenares, sino miles, el número de jóvenes chilenos que completen su educación en las mejores universidades del mundo. Este fue un tema central en la reciente reunión en Londres entre la Presidenta Bachelet y el Primer Ministro Gordon Brown. Por lo que allí se afirmó, Gran Bretaña estaría disponible para sumarse a ese esfuerzo.
La otra vía para una transición más rápida a una economía del conocimiento, más dinámica y creativa, capaz de mayor crecimiento, es facilitar la asociación directa entre universidades, Centro de Investigación, empresas de alta tecnología de nuestro país con aquellas regiones del mundo donde se generan las nuevas ideas y tecnologías, en un nivel de excelencia. El “Plan Chile-California, mirando juntos al siglo XXI”, que recién comienza a implementarse es un paso en esa dirección, que esperamos se complementará, entre otros, con países europeos, un tema en que se está avanzando, en general, en el marco del Acuerdo de Asociación Chile-Unión Europea, y también en particular con Gran Bretaña.
Estas y muchas otras iniciativas impulsadas por el actual gobierno buscan acelerar la transición del Segundo al Primer Mundo, que el libro arriba mencionado predice como posiblemente exitosa para Chile. Esperemos que el “factor electoral” y la “crispación política” no desvíen al país del objetivo principal.
Fuente: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2008/04/20/puede-chile-llegar-a-ser-del-p.asp